

Alto y elegante, peinado hacia atrás con anteojos de marcos oscuros, traje gris topo, camisa blanca, corbata y pañuelo en el bolsillo del saco, sombrero al tono y los zapatos mas negros y brillantes de todo Almagro, se ve Don Martín agregando a la indumentaria el diario La Prensa debajo del brazo izquierdo.
Es domingo nueve de la mañana y Primavera; luego del desayuno Don Martín y Chacha, su nieta de seis años, salen de la casa de Treinta y Tres Orientales a dar su habitual paseo por el Parque Chacabuco,_¡ Taco, Suela y Punta!_ dice Don Martín a su nieta mientras doblan barranca abajo por la calle de la esquina, Salcedo se llama ,hasta llegar a Boedo. Todas las baldozas estan flojas y de tanto en tanto ni existen, esto siempre preocupa a Don Martín cuidando que el barro que brota del costado de esas mismas baldozas al pisarlas, no salpique de barro los zoquetes blancos de su nieta.
Debían caminar seis cuadras largas hasta el anden por donde pasa el tranvía que termina su recorrido justo frente al parque. Al subir al vehículo, el abuelo saluda respetuosamente al motorman como si lo conociera de antes y luego de mostrarle un carnet que siempre carga en el bolsillo, escogen el segundo asiento que estaba vacío y era el que a Don Martín le gustaba.
El tranvía va bastante despacio, pero mucho no importa ya que las charlas de abuelo y nieta son mucho más que instructivas y Don Martín disfruta del paseo igual o más que Chachita. El ha sido Inspector de Transporte y al jubilarse, la nostalgia más de una vez le ha jugado una mala pasada.
Las conversaciones generalmente son en voz muy alta, por el ruido inconfundible de las ruedas de acero rechinando contra las vías y las ventanillas levantadas, es imposible mantener las charlas en tono normal pero eso no es importante para esa pareja despareja . El abuelo de casi dos metros se ve como gigante al lado de la pequeña y así ríen y hablan de todo sin parar hasta llegar a destino.
Luego de un viaje de veinte minutos que la ansiedad hace eternos, a lo lejos divisan los distintos tonos de verde de la frondoza arboleda del parque cubierto también en esta época del año por flores de todas clases en enormes canteros._¡En la próxima parada bajamos!_ avisa el abuelo. Los dos parecen emocionados, Don Martín toma de la mano a su nieta que a los saltos corretea por el césped fresco y recien cortado y de esta manera comienzan la caminata, como primera parada aparece el señor que vende maníes y un cucurucho compartido es suficiente para sentarse en uno de los bancos y disfrutarlo antes de continuar.
Chacha tironea la mano del abuelo llevándolo hacia el gran león de bronce que reluciente y callado parece esperar a la niña cada domingo, y dejarse montar por ella transportándola de manera segura por los caminos secretos que solo ellos dos conocen,
Más adelante aparece el lago y sigue la aventura ,cuando el abuelo Martín arma los barquitos de papel con las páginas gruesas del diario que ya no le interesan para que ella los deslize en el agua como el le ha enseñado y observar como el viento los aleja sin retorno de la orilla.
La partida de los pequeños buques anuncian a Chacha que se acerca hora de volver a casa ya es casi mediodía y el resto de la familia los espera para el almuerzo.
Ambos se encaminan hacia el anden donde se estacionaban los tranvías y así tomar el que los lleve de regreso.
Con la misma alegría que salieron de la casa en la mañana, vuelven ,El día no había terminado y a ambos le quedaban muchas cosas por hacer todavía, como regar el jardín, cortar flores frescas para cambiar las ya marchitas del jarrón negro y dorado que adorna el centro de la mesa del comedor, entre otras cosas y el resto de la tarde pasar tiempo en el cuartito observando las artesanías que el abuelo diseña o verlo cambiar la mediasuela de sus zapatos y la lista sería interminable.
Don Martín sabe tomar de la vida toda su sabiduría, sin desperdiciar ni una sola gota, en el largo camino que le tocó transitar, sabiduría que siempre esta lista para compartirla con todo aquel que se muestre listo para escuchar. _¡Taco, Suela y Punta!_
Tributo a Martin Portas, mi abuelo (6/11/1888 - 3/01/1971)
Susana Scorpiniti
23/01/2010
Es domingo nueve de la mañana y Primavera; luego del desayuno Don Martín y Chacha, su nieta de seis años, salen de la casa de Treinta y Tres Orientales a dar su habitual paseo por el Parque Chacabuco,_¡ Taco, Suela y Punta!_ dice Don Martín a su nieta mientras doblan barranca abajo por la calle de la esquina, Salcedo se llama ,hasta llegar a Boedo. Todas las baldozas estan flojas y de tanto en tanto ni existen, esto siempre preocupa a Don Martín cuidando que el barro que brota del costado de esas mismas baldozas al pisarlas, no salpique de barro los zoquetes blancos de su nieta.
Debían caminar seis cuadras largas hasta el anden por donde pasa el tranvía que termina su recorrido justo frente al parque. Al subir al vehículo, el abuelo saluda respetuosamente al motorman como si lo conociera de antes y luego de mostrarle un carnet que siempre carga en el bolsillo, escogen el segundo asiento que estaba vacío y era el que a Don Martín le gustaba.
El tranvía va bastante despacio, pero mucho no importa ya que las charlas de abuelo y nieta son mucho más que instructivas y Don Martín disfruta del paseo igual o más que Chachita. El ha sido Inspector de Transporte y al jubilarse, la nostalgia más de una vez le ha jugado una mala pasada.
Las conversaciones generalmente son en voz muy alta, por el ruido inconfundible de las ruedas de acero rechinando contra las vías y las ventanillas levantadas, es imposible mantener las charlas en tono normal pero eso no es importante para esa pareja despareja . El abuelo de casi dos metros se ve como gigante al lado de la pequeña y así ríen y hablan de todo sin parar hasta llegar a destino.
Luego de un viaje de veinte minutos que la ansiedad hace eternos, a lo lejos divisan los distintos tonos de verde de la frondoza arboleda del parque cubierto también en esta época del año por flores de todas clases en enormes canteros._¡En la próxima parada bajamos!_ avisa el abuelo. Los dos parecen emocionados, Don Martín toma de la mano a su nieta que a los saltos corretea por el césped fresco y recien cortado y de esta manera comienzan la caminata, como primera parada aparece el señor que vende maníes y un cucurucho compartido es suficiente para sentarse en uno de los bancos y disfrutarlo antes de continuar.
Chacha tironea la mano del abuelo llevándolo hacia el gran león de bronce que reluciente y callado parece esperar a la niña cada domingo, y dejarse montar por ella transportándola de manera segura por los caminos secretos que solo ellos dos conocen,
Más adelante aparece el lago y sigue la aventura ,cuando el abuelo Martín arma los barquitos de papel con las páginas gruesas del diario que ya no le interesan para que ella los deslize en el agua como el le ha enseñado y observar como el viento los aleja sin retorno de la orilla.
La partida de los pequeños buques anuncian a Chacha que se acerca hora de volver a casa ya es casi mediodía y el resto de la familia los espera para el almuerzo.
Ambos se encaminan hacia el anden donde se estacionaban los tranvías y así tomar el que los lleve de regreso.
Con la misma alegría que salieron de la casa en la mañana, vuelven ,El día no había terminado y a ambos le quedaban muchas cosas por hacer todavía, como regar el jardín, cortar flores frescas para cambiar las ya marchitas del jarrón negro y dorado que adorna el centro de la mesa del comedor, entre otras cosas y el resto de la tarde pasar tiempo en el cuartito observando las artesanías que el abuelo diseña o verlo cambiar la mediasuela de sus zapatos y la lista sería interminable.
Don Martín sabe tomar de la vida toda su sabiduría, sin desperdiciar ni una sola gota, en el largo camino que le tocó transitar, sabiduría que siempre esta lista para compartirla con todo aquel que se muestre listo para escuchar. _¡Taco, Suela y Punta!_
Tributo a Martin Portas, mi abuelo (6/11/1888 - 3/01/1971)
Susana Scorpiniti
23/01/2010

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