sábado, 16 de julio de 2011

(37) El Viaje de Lorenzo


Sin poder disimular el intenso dolor de muelas que lo tortura desde hace tres días, Lorenzo sube al consultorio del 5º piso.
Al bajar del ascensor y luego de golpear una sencilla puerta, es recibido por Berta, la asistente del odontólogo quien lo invita con una sonrisa, a tomar asiento en los sillones de la sala.
Cuando queda solo y en silencio con su padecimiento a cuestas, se relaja para sentir algo de alivio. Elige el sillón más grande donde poder desparramarse y estirar mejor los brazos sobre el respaldo, acomodando su cabeza hacia atrás.
El deseo de sacarse los zapatos cruza su mente. Distraído mira el reloj que marca las tres y media de la tarde.
En la pared frente a él se muestra un enorme almanaque con la fotografía de un tigre destacándose en la penumbra de la selva.
Los ojos entreabiertos de Lorenzo observan la escena, mientras una extraña neblina lo va envolviendo.
Cuando sus párpados terminan de cerrarse, su rostro relajado ya no refleja dolor, la luz de su realidad se apaga. Ya dormido viaja solo atravesando el tunel de los milagros, arrivando de improviso al lugar donde la fantasía queda atrapada en medio del amanecer y el crepúsculo. Lorenzo se sorprende al verse sentado bajo un árbol, de noche, vestido con el uniforme azul de la escuela y la mochila cargada de libros todavía colgando de su espalda.
La luna llena ilumina el claro del bosque nutriendo la inspiración de los cantores de la noche. Comienza a caminar, extraños senderos se abren a su paso, los árboles se agitan dándole la bienvenida como si fuera un nuevo huésped en la espesura. Súbitamente un sonido desentona la calma.
Quiere comprobar de que se trata, pero la niebla que cubre la jungla se hace cómplice del místico paisaje desorientando a Lorenzo que no logra entender lo que sucede.
Su corazón palpita desconfiado, acelera el paso. El retumbo, ahora más cercano, lo despista, la adrenalina lo invade. Las hojas secas crukiendo y chasqueando detrás de él lo alertan. Aterrado, comienza a correr utilizando sus brazos como remos para apartar las ramas que golpean su cara. De repente el sonido se mezcla con el susurro de un río que aparece frente suyo. Ve que un enorme tronco lo atraviesa, se apresta a pasar a la otra orilla. Le cuenta mantenerse firme, el tronco se arquea lentamente, trastabilla y cae. Un enorme árbol, arrastrado por la corriente se acerca peligrosamente a él en el torbellino. Sin pensalo mucho, convencido de su oportunidad, se aferra a una de sus ramas, comenzando la loca travesía río abajo, llevado por la correntada. Sin poder distinguir la orilla, solo piensa en patalear de manera constante lo más rápido posible, rogando en voz alta que sus piernas no se acalambren.
A su alrededor otros troncos y piedras entorpecen aún más el accidentado viaje. Sus piernas y brazos golpean contra todo lo que el agua arrastra con furia. A la deriva, con mucha fortuna, que da medio enredado en la maleza de un recoveco. Sin dudarlo y como puede, sube la cresta y empieza a caminar por la orilla barrosa.
La mochila ya no cuelga de su espalda y su ropa son ahora harapos mojados. Presiente que no está solo, que nunca lo estuvo. Vuelve a recordar aquel chasquido de hojas secas y se detiene. Mira hacia atrás y lo que ve lo aterra. Los ojos verdes , como esmeraldas, de un enorme tigre, están mirándolo fijamente. Ahora entiende que la carrera por su vida recién comienza y que trepando a cualquiera de los árboles tendría alguna oportunidad.
Con sus uñas ensangrentadas y la mirada del feroz felino clavada en su espalda, logra encaramarse al primero que encuentra. Lorenzo se rinde estenuado por tanto esfuerzo. El tigre, sorpresivamente, hace lo mismo, durmiéndose a los pies del árbol. Pero un malestar sigue incomodándole, algo no está bien. Una mano le sacude el hombro. Una voz le susurra al oído _ ¡Lorenzo, Lorenzo...el doctor te espera...!. Al abrir los ojos y levantar la mirada, los ojos verdes, verdísimos de Berta, como esmeraldas, están mirándolo fijamente.

Susana Scorpiniti
(12/07/2011)

viernes, 15 de julio de 2011

(36) "Amiga..."


Es Domingo y son las siete. Aún estoy en pijamas, el café se enfría en la taza mientras mi cabeza da vueltas alrededor de un solo pensamiento.
Que suerte el estar contigo, amiga, aunque no te tenga cerca. Este momento a solas me alienta para contarte, acaso, de esta agonía que me oprime.

Hace un rato salí al jardín a cortar rosas frescas para tener en la mesa. Son del rosal que me regalaste en mi último cumpleaños, cuando viajaste hasta aquí para visitarme.

Desde hace meses no soy la misma, amiga, el tiempo avanza y no soy capaz de detenerlo. Por eso debo decirte que fracasé como amiga. Que tus sospechas son reales, tan reales como el mal que me consume. Y tan dañino como el aroma de ese amor que insolente toca a mi puerta cada viernes a las nueve. El mismo aroma que cuando ya estás dormida, se acerca a tu cama cada viernes después de medianoche.

Susana Scorpiniti

domingo, 10 de julio de 2011

(35) Había una vez un faro...


Una vez más a las siete de la tarde las luces del faro se enciendieron como milagro cotidiano. Aunque sucedía frecuentemente, era un misterio para los pobladores porque nadie lo habitaba.
Los mismos vecinos se encargaron de hacer rodar la leyenda, para algunos chistosa, para muchos aterradora y tentadora para los turistas quienes al atravesar el viejo camino descubrían los carteles del Faro Encantado.

Mr. Smith era el nuevo Alcalde del aburrido poblado, un inglés alto y sesentón con cara de pillo simpático, quien decidió sacar provecho de la mística y antigua construcción. Con tal fin envió a sus colaboradores a investigar. Fueron al almacén del Rosendo, a la pollería del flaco Ernesto y hasta la farmacia de los gallegos García. La idea era interiorizarse de la historia completa, con la pizca de humor o terror que cada vecino se encargara de agregarle. Además de las luces que se encendían solas, algunos fantaseaban con sombras que recorrían las ventanas, otros con llantos y risas de niños.
Dos semanas más tarde comenzaron las obras de remodelación ordenadas por el Alcalde. Se sumaron escenario, orquesta y una enorme parrilla. Mr. Smith sugirió además instalar cierta iluminación disimulada detrás del faro ya que los dichos de pueblo no siempre son confiables. Se repartieron volantes, se comentó en las escuelas, se avisó a los periódicos.
El veinte de noviembre el faro sería proclamado Monumento Histórico. Todo estuvo listo para el 80º aniversario de la Fundación del pueblo. Ese mismo día al amanecer la gente se fue acercando a conocer por dentro las instalaciones. Sin embargo la mayoría llegaró temprano para aprovechar la kermese con bebida gratis que inteligentemente organizó la Alcaldía con un costo de entrada de cincuenta pesos. Mr. Smith estaba ansioso, aumentaría las arcas del pueblo y la suya propia.

Temprano por la tarde el inglés se calzó su traje nuevo y solo en su habitación frente al espejo comenzó a gesticular mientras repetía varias veces el discurso. Cuando llegó la hora partió hacia el predio acompañado por una fanfarrea con acróbatas, payasos y la música de un circo de gitanos que había contratado en una aldea cercana.
Mientras una multitud lo ovacionaba subió por las escaleras interiores apareciendo en el último balcón saludando con las manos en alto.
En medio de los aplausos empezó el discurso diciendo: _¡Señoras y Señores aquí presentes! Hoy estamos aquí presentes para...! _de repente extraños llantos de niños salieron por los altoparlantes a todo volumen sin que nadie pudiera escuchar lo que el Alcalde decía. No obstante Mr.Smith entusiasmado seguía leyendo, la gente confundida murmuraba. Mr. Smith seguía leyendo. Los llantos que alocadamente se escuchaban por los parlantes cerca de su cabeza, se mezclaron con las carcajadas desfachatadas de los lugareños quienes junto a los gitanos disfrutaban de la descontrolada fiesta. Mr. Smith seguía leyendo aunque su garganta ya no lo acompañaba.
Abrumado por el ruido, el miedo, los lamentos y las risas, sintió sorpresivamente, como una fuerza extraña y poderosa lo absorbía de nuevo hacia adentro haciéndole soltar la hoja del discurso que con el viento sobrevoló la aldea .

Con los gitanos bailando, el acohol como invitado y la gritería de fondo, nadie se acordó de las luces milagrosas, menos advirtieron la ausencia del Alcalde.
A la mañana siguiente los titulares dijeron: "Ayer 20 de Noviembre con una fiesta inolvidable, se inauguró un nuevo Monumento Histórico "El Faro Encantado"


Susana Scorpiniti