Hoy comienza a regir en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires la nueva ley de Transporte Diferencial de pasajeros. El Grupo Globo lanza la primer a línea Nº 93. Equipada con tecnología de avanzada, aire acondicionado, respaldo con cabezales y más espacio entre los asientos, boleto único para todo el recorrido con pasajeros sentados solamente.
El servicio funcionará de lunes a viernes, comenzando hoy al mediodía, uniendo Plaza Once con Puente Saavedra.
Laureano vive en Palermo y al leer la noticia, consedera buena idea utilizarla a diario para ir a su trabajo. El joven sabía con anterioridad sobre este servicio y ya había arreglado el pago del costoso viático con el dueño de la carpintería donde trabaja.
Al día siguiente se dirige calle abajo hacia la parada del renovado noventa y tres. Cuando lo divisa estira la mano haciendo una seña para que se acerque más al cordón, sube y en lugar de mostrar su pase especia se le ocurre sacar boleto.
A esta hora el colectivo viene medio vacío por eso hay unos diez asientos desocupados, aunque Laureano no se sienta. Como puede se acomoda en un pasamano al final del pasillo, saca un libro y se pone a leer.
Cuando el chofer levanta la vista por el espejo y lo ve parado dice: _ ¡ El joven que está parado haga el favor de sentarse! _ Laureano inmerso en la lectura no escucha.
El chofer levanta la voz: _¡ El joven que está leyendo parado, debe tomar asiento! _.
El muchacho sorprendido contesta: _¡ Disculpe, estoy cómodo en esta posición y no deseo sentarme!_
Palabra va palabra viene, la conversación se acalora de tal manera que el colectivero detiene su marcha y a Laureano no le queda otra alternativa más que relevar el secreto por el cual nunca se sienta.
Disgustado por las exigencias del colectivero y ahora tambien de los pasajeros, tira el libro al piso, se afloja el cinturón y al caerse sus pantalones quedan expuestas dos grotescas patas de palo. Su jefe y amigo el carpintero, se las había tallado y modelado con esmerada tecnología casera y artesanal después de haber perdido las propias en aquel terrible accidente ferroviario.
El servicio funcionará de lunes a viernes, comenzando hoy al mediodía, uniendo Plaza Once con Puente Saavedra.
Laureano vive en Palermo y al leer la noticia, consedera buena idea utilizarla a diario para ir a su trabajo. El joven sabía con anterioridad sobre este servicio y ya había arreglado el pago del costoso viático con el dueño de la carpintería donde trabaja.
Al día siguiente se dirige calle abajo hacia la parada del renovado noventa y tres. Cuando lo divisa estira la mano haciendo una seña para que se acerque más al cordón, sube y en lugar de mostrar su pase especia se le ocurre sacar boleto.
A esta hora el colectivo viene medio vacío por eso hay unos diez asientos desocupados, aunque Laureano no se sienta. Como puede se acomoda en un pasamano al final del pasillo, saca un libro y se pone a leer.
Cuando el chofer levanta la vista por el espejo y lo ve parado dice: _ ¡ El joven que está parado haga el favor de sentarse! _ Laureano inmerso en la lectura no escucha.
El chofer levanta la voz: _¡ El joven que está leyendo parado, debe tomar asiento! _.
El muchacho sorprendido contesta: _¡ Disculpe, estoy cómodo en esta posición y no deseo sentarme!_
Palabra va palabra viene, la conversación se acalora de tal manera que el colectivero detiene su marcha y a Laureano no le queda otra alternativa más que relevar el secreto por el cual nunca se sienta.
Disgustado por las exigencias del colectivero y ahora tambien de los pasajeros, tira el libro al piso, se afloja el cinturón y al caerse sus pantalones quedan expuestas dos grotescas patas de palo. Su jefe y amigo el carpintero, se las había tallado y modelado con esmerada tecnología casera y artesanal después de haber perdido las propias en aquel terrible accidente ferroviario.
Susana Scorpiniti
(30/07/2011)




