domingo, 10 de julio de 2011

(35) Había una vez un faro...


Una vez más a las siete de la tarde las luces del faro se enciendieron como milagro cotidiano. Aunque sucedía frecuentemente, era un misterio para los pobladores porque nadie lo habitaba.
Los mismos vecinos se encargaron de hacer rodar la leyenda, para algunos chistosa, para muchos aterradora y tentadora para los turistas quienes al atravesar el viejo camino descubrían los carteles del Faro Encantado.

Mr. Smith era el nuevo Alcalde del aburrido poblado, un inglés alto y sesentón con cara de pillo simpático, quien decidió sacar provecho de la mística y antigua construcción. Con tal fin envió a sus colaboradores a investigar. Fueron al almacén del Rosendo, a la pollería del flaco Ernesto y hasta la farmacia de los gallegos García. La idea era interiorizarse de la historia completa, con la pizca de humor o terror que cada vecino se encargara de agregarle. Además de las luces que se encendían solas, algunos fantaseaban con sombras que recorrían las ventanas, otros con llantos y risas de niños.
Dos semanas más tarde comenzaron las obras de remodelación ordenadas por el Alcalde. Se sumaron escenario, orquesta y una enorme parrilla. Mr. Smith sugirió además instalar cierta iluminación disimulada detrás del faro ya que los dichos de pueblo no siempre son confiables. Se repartieron volantes, se comentó en las escuelas, se avisó a los periódicos.
El veinte de noviembre el faro sería proclamado Monumento Histórico. Todo estuvo listo para el 80º aniversario de la Fundación del pueblo. Ese mismo día al amanecer la gente se fue acercando a conocer por dentro las instalaciones. Sin embargo la mayoría llegaró temprano para aprovechar la kermese con bebida gratis que inteligentemente organizó la Alcaldía con un costo de entrada de cincuenta pesos. Mr. Smith estaba ansioso, aumentaría las arcas del pueblo y la suya propia.

Temprano por la tarde el inglés se calzó su traje nuevo y solo en su habitación frente al espejo comenzó a gesticular mientras repetía varias veces el discurso. Cuando llegó la hora partió hacia el predio acompañado por una fanfarrea con acróbatas, payasos y la música de un circo de gitanos que había contratado en una aldea cercana.
Mientras una multitud lo ovacionaba subió por las escaleras interiores apareciendo en el último balcón saludando con las manos en alto.
En medio de los aplausos empezó el discurso diciendo: _¡Señoras y Señores aquí presentes! Hoy estamos aquí presentes para...! _de repente extraños llantos de niños salieron por los altoparlantes a todo volumen sin que nadie pudiera escuchar lo que el Alcalde decía. No obstante Mr.Smith entusiasmado seguía leyendo, la gente confundida murmuraba. Mr. Smith seguía leyendo. Los llantos que alocadamente se escuchaban por los parlantes cerca de su cabeza, se mezclaron con las carcajadas desfachatadas de los lugareños quienes junto a los gitanos disfrutaban de la descontrolada fiesta. Mr. Smith seguía leyendo aunque su garganta ya no lo acompañaba.
Abrumado por el ruido, el miedo, los lamentos y las risas, sintió sorpresivamente, como una fuerza extraña y poderosa lo absorbía de nuevo hacia adentro haciéndole soltar la hoja del discurso que con el viento sobrevoló la aldea .

Con los gitanos bailando, el acohol como invitado y la gritería de fondo, nadie se acordó de las luces milagrosas, menos advirtieron la ausencia del Alcalde.
A la mañana siguiente los titulares dijeron: "Ayer 20 de Noviembre con una fiesta inolvidable, se inauguró un nuevo Monumento Histórico "El Faro Encantado"


Susana Scorpiniti

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