sábado, 20 de febrero de 2010

(23) "Lágrimas de un guerrero"




El éxodo de su pueblo fuera de las praderas fértiles de Montana, devastó su alma, con su traje blanco, su corona de plumas cayéndole por la espalda y su pechera bordada, legado de sus ancestros, atuendo que usaba solamente en grandes ocasiones, Red Bird, el último Jefe Sioux por primera vez en sus noventa y tres años, veía partir desde lo más alto de las montañas incrustadas en su tierra, a sus guerreros, mujeres e hijos.
Aquellos mismos hombres que lo habían apoyado por su sabiduría y valentía durante tres generaciones ya no lo escuchaban, sus familias tenían hambre, los niños se enferman y las hierbas que los curaban eran difíciles de encontrar en el crudo invierno, más crudo aún en los últimos años cuando los bosques caían despedazados ante sus ojos quedando vulnerables a los vientos y a la nieve que azotaba mas fuerte cada año.

Los búfalos y ne se acercaban a pastar en sus praderas, esos hombres vestidos de negro con potentes armas y maquinarias minera los ahuyentaron para siempre y hasta los caballos, compañía inseparable y orgullo de todo guerrero también fueron castigados por la hambruna. Solos y confundidos, resignados por la batalla perdida, abandonaban su tierra caminando entre los cañones nevados con la mirada extraviada, en busca del espacio donde poder enterrar su destino.

Por todo esto, por otros imborrables recuerdos que atesoraba en su mente y por la decisión que debió tomar pensando en los más jóvenes en quienes puso toda su esperanza para que la historia de los Sioux sea contada a través del tiempo. A causa de tan magnánimo sentimiento no podía contener sus lágrimas que corrían por sus mejillas resecas por el sol y los años, tratando de aceptar que la misma tierra a la que ennobleció con canciones desde niño lo había abandonado y sus recursos desaparecidos.
Parado en la roca más alta donde rezaba cada atardecer, erguido y mostrando su lanza con su mano derecha levantada, despedía a su pueblo que partía hacia la Reservación más cercana donde vivirían y estarían seguros, durmiendo bajo techo y cultivando sus alimentos en un pequeño huerto.
De pie y con su último aliento, el eco de sus lamentos atravesaron las Rocallosas como queriendo ser parte de las rocas milenarias que yacían en su tierra. Sus plegarias no alcanzaron, sus hombres, aquellos bravos guerreroa que siempre lo acompañaron, sufrían y nadie parecía escuchar.
El había sido elegido con honores por su manera de hacer justicia, por su bravura y su inteligencia a la hora de proteger a su pueblo. Pero fue sorprendido por esos hombres con sombrero, que llegaron y se adueñaron de las praderas, desvaneciendo toda esperanza de reunir a sus guerreros y recuperar las tierras.

Los años transcurrieron vertiginosamente y la Historia del Gran Jefe Indio traspasó fronteras, sus nietos y bisnietos nunca callaron los tambores que siguen retumbando en el corazón de su abuelo. Cada año en época de deshielo y para conmemorar el Día de la Partida, la mayoría sube con sus hijos hasta el pico donde lo vieron saludando por última vez, en la recorrida les van relatando a los más pequeños las vivencias y aventuras del indomable y valiente guerrero RED BIRD.


Susana Scorpiniti
(20/02/2010)


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