Rodeado de montañas, Valle Grande, es una pequeña localidad brasileña al noroeste del país y alejada de las grandes ciudades, el lugar adecuado para que una familia adinerada, los Gómez Beltrán, llegaran sorpresivamente para instalar el zoológico más pintoresco de la zona.
Varios cargamentos de animales jóvenes fueron llegando al predio en el término de cuatro meses, nadie sabía de donde venían hasta que alguien investiga; es justamente Malvina, asistente de Carlos Luis, el veterinario quien también llegó desde lejos para hacerse cargo de su puesto mucho antes que el lugar se abriera al público. Después de algunas preguntas que la ayudante se encarga de hacer al joven veterinario, se entera que todas las crías recibidas, fueron rescatadas en una zona inhóspita al norte de Colombia donde las autoridades detectaron un criadero clandestino de animales salvajes para ser vendidos.
La obra de los Beltrán entusiasma a Malvina que pide participar más activamente en la vida y el bienestar de los huérfanos. El programa es costeado completamente con el dinero de esta familia , sumando el amor incondicional de los cuidadores, quienes dedican gran parte del día y de su vida.
Malvina tiene 25 años, brasilera de pelo oscuro y casi siempre corto, shorts, remeras y zapatillas son parte de su atuendo los siete días de la semana, sin distinción de días festivos ni siquiera los domingos para ir misa. Ama a todos los animales desde que era niña pero aquí se encuentra con Vittorio, un pequeño gorila de quien se responsabilizó desde el primer día que llegó, encariñándose de manera no muy conveniente en estos casos ya que los animales luego de cierto tiempo, son liberados en su habitat natural.
Los días transcurren sin pausa en la vida de Vittorio, siempre cerca de Malvina donde nunca falta la comida ni los juegos de ingenio que tanto disfrutan ambos, solamente a la hora de dormir, el pequeño vuelve a su jaula.
La finca además de estar cercada por un grueso tejido para proteger a los lugareños en caso que en un descuido algún animal escapara de su jaula y justo detrás de esa protección se eleva una arboleda gigantesca que da sombra al lugar, aunque el calor de esta época no perdona por eso la hora de la siesta es sagrada para los trabajadores.
Un mediodía mientras todos descansan, un grito de socorro se escucha muy cerca, a través de la habitación donde dormita Malvina que de un salto se asoma y sin poder aceptar lo que sus ojos ven, salta por la ventana clamando por ayuda. Un verdadero infierno se está desatando en el área de las jaulas y corrales, enormnes llamaradas que impulsadas por el viento caliente, comenzaban a propagarse al encontrar a su paso al galpón usado como consultorio veterinario, seguido del depósitos de alimentos y para empeorar la situación, neumáticos y tambores de combustibles usados para las maquinarias y vehículos de la finca estaban contiguos.
Se desata el caos, los Beltrán en pleno, los lugareños, Malvina, todos gritando y corriendo, conectando las mangueras de emergencia dirigiéndolas especialmente hacia las jaulas refrescando a los pequeños casi ahogados con tanta humareda y poder liberarlos antes que el fuego los cubra. Vittorio fue uno de los primeros, asustado y confundido corre a esconderse debajo de los bancos grandes dispuestos en el porch frente a la casa observando todo, dando saltos, tapando y destapándose sus ojos, mientras trata desesperadamente de reconocer entre tanta gente yendo y viviendo, la figura de su amiga Malvina pero no se atreve a salir de su escondite sin ubicarla entre tanta gente y poder aferrarse a ella como siempre lo hace cuando algo lo asusta.
Al cabo de tres o cuatro horas de lucha constante, sujetando entre varios las gruesas mangueras para contener el avance de las llamas y cuando muchos están pensando que sin la ayuda del Señor todo parece inútil, el viento cambia inesperadamente. Un espeso manto violáceo se está acercando a la zona carreteando desde el sur, como si ángeles vinieran empujando, abriéndose paso hacia el lugar donde la desesperación aguarda un milagro. Es en este momento cuando bendiciónes en enormes gotas y brisa fresca obligan al cielo a abrirse dejando caer como torrente, el agua contenida por meses en este angustioso día.
Alrededor de las siete de la tarde, cuando parece que todo se había calmado y los cuidadores ya casi tiene a todos los animales descansando, los chillidos y sacudones de Vittorio los ponen en alerta nuevamente, tratan de calmarlo sin comprender bien que le pasa.
La Sra. Beltrán está en el porch de su casa sentada en uno de los escalones de la entrada observando la escena cuando de repente se da cuenta que no ha visto a Malvina desde hace largo tiempo. Se empieza a preocupar participando a su esposo. Todos coinciden en haber visto a Malvina por última vez antes de la tormenta. Ya son las diez de la noche y en la oscuridad la búsqueda se complica, el Sr. Beltrán organiza entonces a los cuidadores de manera tal que en abanico puedan desplazarse mejor abarcando todas las áreas.
Al cabo de dos horas , cansados por el ajetreo de todo el día, vuelven tristes y apesadumbrados y Malvina sin aparecer por ningún lado. De repente Pedro el más vaqueano de los hombres, se le ocurre una idea y se la participa a Don Beltrán quien además de cansado por tantos problemas no puede soportar la idea de que algo terrible le hubiera pasado a Malvina y al escuchar lo que el cuidador le sugiere, dice:-¡Suelten a Vittorio y tráiganlo para acá, él nos va a ayudar a encontrarla, sabe donde está por eso no para de chillar!-
Cuando Pedro se acerca a la jaula, lo encuentra aferrado a los barrotes, tratando de arrancarlos para poder salir y en cuanto le abre la puerta, sorprendentemente y de un empujón, aparta al hombre de su camino bruscamente en una actitud desconocida en él.
Desesperado corre hacia la arboleda semidestruída por el fuego y la tormenta, todos lo siguen detrás, hasta la Sra..Beltrán saca fuerzas y se une al grupo. Al llegar al lugar, lo ven al joven primate, entre saltos y gritos, tratando de mover pesadas ramas de unos de los gigantescos árboles tumbado en el lodo que las intensas lluvias dejaron atrás y cuando logran enderezarla se encuentran con el cuerpo de Malvina que apenas respira.
Entre todos la llevan dentro de la casa para los primeros auxilios que el veterinario practica sin dudar ni un segundo. Los ojos vigilantes de Vittorio observan a través de la ventana, tomado de la mano de la Sra. Beltrán, a quien obedece cuando la joven se ausentaba
Lamentablemente, Malvina no despierta en la mañana, las heridas en su cabeza eran más graves de lo esperado y el humo en sus pulmones empeoró el cuadro impidiendo su recuperación, a las nueve de la mañana, Carlos Luis, el veterinario quien no se había separado de la joven en ningún momento, toca la puerta de la finca para dar la triste noticia.
Malvina era muy conocida en el lugar y después de su muerte, se supo muchas cosas más de ella con respecto a su infinito amor por los animales desvalidos o huérfanos, como la obra que lleva a cabo esta familia. Se decide entonces colocar en la entrada de la casa, una placa de madera tallada a mano por los mismos cuidadores que dice:”Aquí se recuerda a Malvina Morán y su amor por los animales”.
El día posterior al funeral, la Sra. Beltrán le pide al veterinario que la ponga al tanto de todo lo relacionado con Vittorio. En los últimos días no se había alimentado y su depresión por la ausencia de su progenitora estaba preocupando a todos los que conocen el carácter alegre y dicharachero del joven gorila. En poco tiempo la señora toma las riendas del asunto con la ayuda de Carlos Luis y en un mes después de mucha paciencia, logra instalarse completamente en la vida cotidiana del animal.
Los días y los meses transcurren en la finca, Vittorio ya tiene tres años y le encanta trepar a los árboles saltando, subiendo y bajando en busca de frutos para alimentarse, solo también logra llegar al lago artificial a saciar su sed y con entrenamiento y dedicación especial ya esta listo para el gran viaje acompañado por la Sra..Beltrán que no le pierde pisada. El programa, aunque es costeado por la familia, se rige por las normativas del gobierno y está supervisado por la Asociación Protectora de Animales de la región con excelentes informes, en colaboración con una organización especializada en el Congo quienes recibirán sin problemas a estos primates que están en vía de extinción para ser incorpordos a la colonia de gorilas que habitan en el lado este de esas selvas.
Y finalmente el día llega, el 28 de agosto de 1985, la expedición que encabezan los Gomez Beltrán parte rumbo a África. Allí mismo , Vittorio siente por primera vez el aire fresco de la vida en libertad, sin ningún temor y como aferrado al ángel de Malvina se lo ve alejarse sin voltear hasta perderse en la selva para siempre.
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