lunes, 10 de octubre de 2011

(46) Mientras mis ramas te cantan...

Ay muchacho, si supieras por un instante como disfruto de tu compañía!. Ansioso, en silencio, te observo. Trabajas afanosamente las tres horas que dura tu jornada a puro rastrillo y pala, levantando hasta la última hoja que los cochinos plátanos desparraman por la plaza. Se que después te sientes cansado, te sientes sediento, por eso te espero. Y es en ese mágico momento cuando vienes a mi encuentro. Y si el viento ayuda, agito mis ramas y muevo mis hojas, es mi manera de pedir que te acuestes a mi lado. Que saques de tu bolsa el libro pequeño que tanto nos gusta y que leamos juntos "El árbol y el niño", esa poesía que a los dos deleita.
Y al cabo de un rato te quedas dormido, mientras mis ramas te cantan y mi viejo cuerpo te acuna.
Y cuando llegue el momento para despertarte, dejaré caer la flor más roja que tenga en mi cabellera, como el mejor de mis regalos sobre aquel libro pequeño.
Se que una novia te espera, que se llama Carla y que guardas su foto en tu bolsillo derecho.
Vete ya muchacho, está anocheciendo y un amor te acecha. Yo en cambio, me quedaré solo, en medio de esta plaza, llorando mi pena.
Por ese cartel que llevas en el pecho, se que te llamas Eusebio, a mi no me dieron cartel, todos por aquí me llaman Ceibo.

Susana Scorpiniti
(07/10/2011)

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