
Alguien comparó la vida con un viaje en tren, con sus estaciones, sus diferentes paisajes, distintos cielos y hasta distinto olor, nunca lograremos conocerlas todas, ya que ninguno de los pasajeros podrá realizar el viaje completo, descenderán en los andenes que han sido establecidos con anterioridad cuando sacaron el boleto.
Después del abordaje y sorpresivamente, el pito inconfundible del Tren anuncia el comienzo de la aventura; conoceremos cientos de personas con las que pasaremos la mayor parte de nuestro tiempo, algunas de ellas amables, otras tristes o gruñonas.
A medida que los minutos corren más pasajeros van ascendiendo pidiendo participar de la aventura y aunque hay muchos asientos pero no alcanzarán para todos por eso más de una vez debemos ceder el nuestro.
Entablamos conversasión sabia con algun personaje que se nos siente al lado y con solo preguntarnos la hora sabremos que la soledad de cada uno es parecida y que las compañías son privilegios que debemos atesorar y como lo que vale es la experiencia debemos agradecer lo mucho o lo poco que esos seres han aportado a nuestras vidas.
No podemos olvidarnos de las ventanillas, son parte indispensable de este tren, desde allí observamos los grises nubarrones a lo lejos a veces también el sol nos sorprende, así es como vamos subiendo o bajando los vidrios cuando llega la lluvia o cuando sopla fuerte el viento o cuando el intenso granizo nos azota pretendiendo arruinar un día en nuestras vidas.
A medida que el tren va atravesando la llanura, nos sentimos confiados ya pasamos unas cuantas estaciones y el andar del tren se hace mas lento, este es el momento de tomar asiento frente a una de las ventanas y disfrutar del paisaje en todo su esplendor. El invierno subió en la estación anterior sin pedir permiso y pronto visitará los camarotes dequienes olvidaron ponerle cerrojo para advertirles que la estación cuyo nombre está en su boleto está próxima y que aunque deseen quedarse a seguir participando de las conversaciones del resto, no podrán hacerlo.
Las Luces de las Estaciones que cada uno espera se ven desde las ventanillas y cuando el Tren detenga su marcha, descenderemos justo a tiempo donde El Ängel con su mano extendida nos estará esperando.
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