
75 años atrás, acaparaba todas las miradas por su distinción y elegancia, el contraste entre su clase y la de sus vecinas era notorio, el paso de los años enriqueció su abolengo, atesorando en su interior vivenvias y recuerdos mientras los demás iban cayendo como piezas de un gran dominó cumpliendo un destino irreversible.
En cada pueblo siempre hay algún conocedor de su historia y en este llamado " Remanso" tenía varios y todos ellos en sus escritos no dejan de mencionar por lo menos una vez el impecable "Candelarias", lugar donde forasteros y comerciantes dejaban fortunas increíbles en Mesas de Pocker alegrándose con música y señoritas para lograr que las apuestas prosperaran o para que el sabor del dinero perdido no fuera tan amargo, es por eso que las historias que se contaban eran de un pasado desbordante de alcohol, dinero y lujuria.
El frío se hacía sentir y el viento soplaba desde las altas cumbres pero la mañana del 2 de Julio de 1947, no se acobardó con el tiempo. Los vecinos con una extraña curiosidad se fueron acercando para ver con sus propios ojos, el inevitable final de aquellas paredes que habían galardonado tres cuartos de siglo del " Remanso".
No se menciona en ningún relato quienes fueron los últimos pasajeros que visitaron el histórico lugar de encuentro, quienes lo hayan hecho, recordarán con cierta pena y nostalgia aquella enorme estructura de dos pisos con frente color ocre deslucido y descascarado, balcones pequeños y celocías entreabiertas, con una placa de bronce a modo de presentación que decía "GRAN HOTEL CANDELARIAS".
En cada pueblo siempre hay algún conocedor de su historia y en este llamado " Remanso" tenía varios y todos ellos en sus escritos no dejan de mencionar por lo menos una vez el impecable "Candelarias", lugar donde forasteros y comerciantes dejaban fortunas increíbles en Mesas de Pocker alegrándose con música y señoritas para lograr que las apuestas prosperaran o para que el sabor del dinero perdido no fuera tan amargo, es por eso que las historias que se contaban eran de un pasado desbordante de alcohol, dinero y lujuria.
El frío se hacía sentir y el viento soplaba desde las altas cumbres pero la mañana del 2 de Julio de 1947, no se acobardó con el tiempo. Los vecinos con una extraña curiosidad se fueron acercando para ver con sus propios ojos, el inevitable final de aquellas paredes que habían galardonado tres cuartos de siglo del " Remanso".
No se menciona en ningún relato quienes fueron los últimos pasajeros que visitaron el histórico lugar de encuentro, quienes lo hayan hecho, recordarán con cierta pena y nostalgia aquella enorme estructura de dos pisos con frente color ocre deslucido y descascarado, balcones pequeños y celocías entreabiertas, con una placa de bronce a modo de presentación que decía "GRAN HOTEL CANDELARIAS".
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