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domingo, 22 de noviembre de 2009

(8) Noche de lluvia y rosas



Yace en silencio negro y muy quieto en el opaco comedor de la casa de campo como esperando ansioso volver a sentir su corazón latir incesantemente como años atrás. Marcia Morel no escucha su lamento o no quiere escucharlo, sus80 años y sus manos ahora con torpes movimientos, le impiden deslizarse igual que palomas yendo y viniendo sobre el teclado.
Ya no volverá a vestirse de terciopelo negro, ya no volverá a usar su collar de perlas, ya no volverá a disfrutar de la gloria del glamour y los aplausos, lejos quedó el escenario imponente y mas lejos aún las luces incandescentes de las noches de Buenos Aires.
Ahora muy cerca del hogar, en la sala, una mecedora ocupa el lugar de honor siempre complacida de poder brindarle un merecido descanso a la dueña de casa, después de una caminata mañanera o después de podar las rosas o simplemente para gozar de un libro de poesías.
Corrían los días del mes de setiembre, era viernes y llovía torrencialmente, fue una noche diferente para Marcia quen al escuchar una ruidosa motocicleta acercándose a la casa, abrió la puerta rápidamente para recibir al viajero ya que no era muy común ver visitantes transitando los caminos de alrededor a tan altas horas. El joven bajó de la moto con un mapa en la mano, se acercó a la anciana y se presentó como Juan Luis, pidiendo ayuda para encontrar la carretera correcta hacia el pueblo más cercano y poder así cambiar la llanta de su moto.
Casi sin dudarlo la amable señora invitó a pasar al muchacho quien empapado y helado hasta los huesos, aceptó una taza de caldo caliente y algo de comer y así poder pensar una manera más inteligente de continuar su accidentado viaje.
Marcia se retiró a la cocina a calentar la cena, leagradaba tener compañía esa noche de tormenta; alistó la antigua vajilla guardada para días especiales pero había algo inusual mezclado entre ruidos de cubiertos, de copas y de platos tocándose entre sí; los oídos de la anciana no pudieron confundir el sonido de los acordes de esa melodía con que fue apludida en su último concierto.
Casi voló al comedor, allí estaba Juan Luis sentado al piano, consus manos jóvenes y fuertes, volviendo a la vida al viejo e inseparable amigo de Marcia, ella se acercó lentamenbte y apoyándose en el hombro derecho del muchacho, gozó como nunca moviéndo su cabeza de lado a lado marcando esos compases inolvidables.
Al finalizar Juan Luis tomó la mano de la anciana y la besó con un gesto de respeto y amor
Durante la cena, el joven contaba que cuando era niño, su madre, le hablaba mucho de Marcia Morel y su música y que hasta cumplir él 16 años, iba con ella a todos los conciertos, tomó clases de piano y ahora tenía un conjunto de rock pero en sus ratos libres o cuando estaba fuera de casa y melacólico se acompañaba con su piano y piezas de la gran concertista que coleccionó desde niño. Por eso, cuando entró esa noche en la casa, vió el piano y sobre él una foto de la famosa artista en la plenitud de su belleza y como sabía el porque de su retiro decidió sorprenderla
Desde entonces todos los 21 de cada mes, serán protagonista de esta historia, rosas blancas sobre el piano