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sábado, 21 de noviembre de 2009

(5) "Chocolate con Galletas"



Mario golpeó la puerta de la casa de Gabriel como lo hacía cada día. Ambos gustban de corretear en bicicleta aprovechando las vacaciones. Los amigos eran inseparables, Mario vivía con su Papá en una casa vecina. Enzo era un hombre joven apuesto, ingeniero agrónomo que además de su tranajo, cocinaba y dedicaba tiempo a su hijo, tratando compensar con su dedicación y amor la falta de su Madre, muerta 2 años antes. Mario la extrañaba mucho pero desde su inocencia lo que más le importaba era aliviar la enorme soledad que intuía en el corazón de su padre.
Una noche saliendo del cine del pueblo padre e hijo caminaban por una de las veredas angostas, bordeadas de arbolitos cuidados cuando una mujer rubia de faldas cortas, tacones altos y cabello al viento, los cruzó en sentido contrario El niño notó que su padre había quedado prendado con los ojos azules de la llamativa muchacha. Inmediatamente pensó que esa podría ser la mujer con la que su padre deseara pasar el resto de su vida y maquinó que con la ayuda de Gabriel la buscaría y los haría conocer.
A la tarde siguiente, luego de contarle el plan a su amigo, recorrieron el pueblo con la esperanza de encontrarla. después de caminar mucho, cansados y sedientos, entraron a la heladería ubicada en una de las esquinas mas populares del lugar. De repente la mujer buscada entró al local Los niños quedaron atónitos olvidámdese de los helados. Los demás clientes miraban encantados los meneos de la muchacha quien muy descaradamente sonreía complacida mientras bajaba los tres escalones de acceso. Los chicos salieron tras ella decidiendo seguirla. Agazapándose detrás de los árboles y de los autos estacionados, llegaron a un extraño bar con techo de paja y luces coloradas en las afueras del pueblo.Observaron asombradas que ella entraba al lugar.

El sol se estaba poniendo pero eso no los detuvo; era tanta la necesidad de hablar con la hermosa mujer que decidieron espiar por una ventana. A través del vidrio vieron que una acalorada discusión se estaba llevando a cabo entre la rubia y un joven. Con lo poco que pudieron escuchar y comprender, supieron que era por un dinero que el muchacho no le había pagado. Enseguida fue expulsado violentamente del cuarto por dos hombres grandotes. Los amigos se miraron y sin decir palabra empezaron a hurguetear en sus bolsillos y a juntar el escaso dinero que traían entendiendo que en caso contrario ella no los escucharía.

Los chicos sabían instintivamente que ese era un lugar para adultos y que ellos no serían bien recibidos por la gente del bar, así que en un descuido del hombre que estaba paseándose por la puerta, subieron rápido los cuatro escalones que los separaba del hall de entrada y se dirigieron a la primera puerta rosada con picaporte dorado y felpudo rojo. Suspiraron profundamente, golpearon y esperaron. La puerta se abrio y la rubia sorprendida, cerró rápidamente su desabillé de rso blanco ocultando su esbeltez.
La confusión de los niños le hizo gracia, pensando en el motivo que lo llevaba a ella, Gabriel mas sereno, con un gesto de su cabeza señaló el interior de la habitación, ella los hizo pasa y les indicó que se sentaran en los silloncitos, convidándolos con jugo de naranja.
Mario sacó el dinero de su bolsillo mostrándoselo a la muchacha mientras le relataba la historia de la soledad de su Papá, del encuentro y del interés de este por ella. La rubia no sabía como podían estar ligadas la historia de Mario y su Padre con la de ella hasta que el niño atropellándose con sus propias palabras le reveló sus pretensiones. La chica decidió tomar en serio sus palabras, pidiéndole mas detalles al respecto para saber que esperaba de ella. Después del extenso relato se hizo un largo silencio. Mario expectante esperaba la respuesta, consideraba que despues de haberse despojado de sus ahorros y de los de su amigo, era justo que además de ser escuchado, obtener una respuesta.
Mariela en ningún momento pretendió quedarse con el dinero de los niños así que se los devolvió y le propuso ir el domingo al mediodía a conocer a su padre. Los chicos después de agradecerle efusivamente volvieron a sus casas donde debieron soportar la reprimenda de sus padres, debido a lo avanzado de la hora.
El domingo por la mañana, Mario se levantó temprano, ayudó con el resto de las tareas arregló su cuarto, se bañó, se perfumó y le pidió a su padre que hiciera lo mismo ya que antes del almuerzo le daría una sorpresa, Enzo, sonriendo le siguió la corriente sin creer en realidad en lo que su hijo decía.
A la una de la tarde sonó el timbre y al abrir Enzo reconoció a la muchacha, que había visto aquella noche, sin olvidarla, mostrándose muy confundido. Mariela con su desparpajo fue quien salvó la situación con humor y se invitó a pasar aclarando que había venido a visitar a su amigo Mario, saludó al niño con afecto y gracias a su naturalidad, al poco rato, ya charlaban los tres como viejos conocidos.
Después de esa primera visita, la pareja comenzó a verse más seguido, al principio con cierta timidea y después como si se conocieran de toda la vida.
Cuando Mario los escucho a hablando de la casualidad de aquella primera noche en que se cruzaron, sonrió pensando que no todo en la vida es fruto del destino.